Cada vez que una gran tecnológica anuncia algo "revolucionario", en alguna parte del mundo muere un gato de aburrimiento. Da igual si lo llaman innovación, disrupción o "una experiencia completamente nueva". Sabemos lo que viene: un refrito con esteroides y una campaña de marketing que parece escrita por ChatGPT con resaca.
En este artículo, no vamos a llorar la muerte de la innovación. Vamos a certificarla, con ironía, con algo de rabia… y con la esperanza de que alguien, en algún sótano lleno de café y cables, aún esté intentando hacer algo diferente.
El ciclo del hype sin alma
Antes, innovar era arriesgar. Ahora, es reciclar. Agarras algo que ya existe, le pones IA, le cambias el color del icono y lo vendes como "la herramienta definitiva para el futuro del trabajo".
Y lo peor es que funciona. La industria tecnológica se ha convertido en un eterno déjà vu. Móviles que se doblan como si fuera 2005. Plataformas de mensajería que reinventan el IRC. Aplicaciones de productividad que son listas de tareas con una capa de pintura moderna. Todo huele a algoritmo y a presentaciones de PowerPoint pensadas para accionistas.
IA: ¿la última excusa?
La inteligencia artificial no ha venido a innovar. Ha venido a justificar la falta de ideas. ¿Que no sabes cómo hacer tu app interesante? Ponle un asistente con voz seductora. ¿Tu producto no aporta nada nuevo? Di que usa redes neuronales y entrenamientos multimodales. ¿Tienes miedo de que te descubran? Llámalo "beta".
Nos pasamos el día probando herramientas que prometen cambiar nuestras vidas y, en el mejor de los casos, nos ahorran cinco clics. Eso sí, a cambio de nuestros datos, nuestra privacidad y una suscripción mensual.
¿Dónde está la chispa?
La verdadera innovación hoy no está en Silicon Valley, ni en los keynotes, ni en los fondos de inversión. Está en foros, en pequeños proyectos open source, en gente que experimenta por gusto o por necesidad. Pero esa gente no sale en las portadas ni cotiza en bolsa.
Y aquí está el drama: hemos confundido innovación con rentabilidad, con escalabilidad, con crecimiento infinito. Y así nos va. Llenos de cosas nuevas que no sirven para nada y vacíos de ideas que realmente importen.
No se trata de ser cínicos (aunque viene de serie con la edad). Se trata de reconocer que la industria necesita una sacudida, no otra keynote. Y que quizás la innovación no esté muerta del todo… solo secuestrada por departamentos de marketing con demasiado presupuesto y pocas ideas.
Mientras tanto, seguiremos aquí, en Kernel Reload, oliendo las novedades y separando el grano del humo. Que alguien lo haga, ¿no?

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