El CSIC desarrolla un material de construcción capaz de secuestrar carbono


La industria de la construcción se enfrenta a una presión sin precedentes para reducir su huella ambiental, siendo el cemento tradicional uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero a nivel global. En este escenario, investigadores del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, han logrado un avance significativo: la creación de un material que no solo minimiza las emisiones durante su fabricación, sino que actúa como un sumidero activo de dióxido de carbono. Este desarrollo propone una economía circular real al transformar residuos industriales en soluciones constructivas de alto valor ecológico.

Del residuo industrial al secuestro de carbono

Lo que ocurre en este proceso es una transformación química innovadora que utiliza el yeso residual, un subproducto común en diversos procesos industriales, como materia prima fundamental. Los científicos han diseñado un método para convertir este yeso en vaterita, una forma menos común y más reactiva de carbonato cálcico. La clave de este nuevo material reside en su capacidad de almacenamiento: por cada kilogramo de vaterita producido, el sistema es capaz de capturar 0,26 kg de CO2 del ambiente.

Esta capacidad de absorción convierte al material en una herramienta de mitigación climática directa. A diferencia de los materiales convencionales que liberan carbono durante su calcinación, este proceso se realiza a temperatura ambiente, lo que reduce drásticamente el consumo energético necesario para su producción. La eficiencia del método radica en que aprovecha las propiedades químicas del residuo para fijar el gas en una estructura mineral sólida y estable, evitando que este regrese a la atmósfera.

Implicaciones para la sostenibilidad arquitectónica

Por qué ocurre esta transición hacia materiales carbonatados tiene una explicación tanto normativa como operativa. Las regulaciones internacionales están endureciendo los límites de emisiones para el sector de la edificación, obligando a buscar alternativas al Clinker tradicional. El uso de vaterita como sustituto o complemento en materiales similares al cemento abre una vía para la creación de infraestructuras "carbono negativas". La integración de este material en entornos urbanos podría transformar las ciudades en grandes esponjas de carbono, ayudando a cumplir los objetivos de neutralidad climática fijados para las próximas décadas.

Además de su función ecológica, el material aborda el problema de la gestión de residuos. El yeso industrial a menudo termina en vertederos, generando costes logísticos y problemas de lixiviación. Al reintroducir este residuo en la cadena de valor de la construcción, se reduce la necesidad de extraer materias primas vírgenes de las canteras, protegiendo así la biodiversidad y minimizando el impacto paisajístico de la minería extractiva.

Hacia una construcción de baja energía y alta eficiencia

Hacia dónde apunta este descubrimiento es hacia un cambio en los procesos de fabricación de materiales de obra. El hecho de que la producción de este material no requiera hornos de alta temperatura supone una ventaja competitiva en un mercado energético volátil. La simplificación de la infraestructura necesaria para su fabricación podría permitir la producción local de materiales de construcción, reduciendo también las emisiones asociadas al transporte y la logística de distribución.

La viabilidad de este material a gran escala dependerá ahora de su integración con los estándares actuales de resistencia y durabilidad. Sin embargo, el análisis estratégico inicial sugiere que su aplicación en elementos no estructurales, revestimientos o mobiliario urbano es inmediata. El desafío futuro reside en la optimización del proceso para capturar el CO2 directamente de fuentes industriales de emisión, cerrando el ciclo desde la chimenea de la fábrica hasta la pared del edificio.

Este avance científico subraya la importancia de la investigación pública en el desarrollo de tecnologías críticas para la transición verde. La capacidad de convertir un residuo problemático en un activo climático representa el tipo de innovación disruptiva necesaria para descarbonizar una de las industrias más difíciles de transformar. El camino hacia una construcción sostenible ya no pasa solo por emitir menos, sino por participar activamente en la limpieza de la atmósfera a través de la propia piel de nuestros edificios.