Bruselas ha decidido dar un golpe de timón a su política industrial. Ante la explosión global de la Inteligencia Artificial, la Comisión Europea ha adelantado la revisión de su estrategia de semiconductores, sentando las bases de la nueva Ley de Chips 2.0. El objetivo es ambicioso: transformar la capacidad manufacturera de Europa para que deje de centrarse exclusivamente en chips maduros (como los usados en la automoción) y empiece a competir en la fabricación de los procesadores más complejos del mundo, necesarios para el entrenamiento de grandes modelos de lenguaje (LLM).
Del coche al centro de datos: El nuevo enfoque europeo
La primera Ley de Chips ayudó a asegurar el suministro tras la pandemia, pero la realidad tecnológica de 2026 es muy distinta. La nueva normativa busca corregir el desequilibrio estratégico de la región:
Nodos de vanguardia: La UE incentivará la creación de fundiciones de menos de 2 nanómetros en suelo europeo, capaces de fabricar las GPUs y unidades de procesamiento tensorial que hoy dependen casi exclusivamente de Taiwán.
Diseño de Chips (Fabless): El plan 2.0 no solo quiere fábricas, sino potenciar el ecosistema de diseño de chips personalizados en Europa, facilitando que las startups de IA del continente puedan desarrollar hardware optimizado para sus propios algoritmos.
Resiliencia Energética: Dado que la fabricación de chips de IA es extremadamente intensiva en energía, la ley incluye ayudas específicas para que las nuevas "megafactorías" operen con fuentes renovables propias.
Un escudo frente a las tensiones globales
Este movimiento se produce en un clima de alta tensión comercial. Europa busca reducir su dependencia de las cadenas de suministro externas que, en momentos de inestabilidad geopolítica, podrían dejar al continente sin la potencia de cálculo necesaria para sus servicios públicos y empresas. La Ley de Chips 2.0 es, en esencia, la respuesta de Bruselas para garantizar que la soberanía digital de la región no sea solo una declaración de intenciones, sino una realidad física grabada en silicio.
La Comisión espera que esta nueva fase atraiga inversiones privadas que superen los 100.000 millones de euros en los próximos cinco años, posicionando a regiones como Alemania, Francia y España como nodos clave de la nueva infraestructura computacional europea.
¿Crees que Europa podrá alcanzar a potencias como Taiwán o EE. UU. en la fabricación de chips de alta gama, o hemos llegado demasiado tarde a la carrera del hardware para IA?
